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Sin gluten

El pan nuestro de cada día.

Otra forma de discriminación.

12, 20 de 2006-09-20 de 2006


Mi hijo pequeño, de cuatro años, no es celiaco. Su padre tampoco. Así que en casa somos, como él dice, dos celiacos y dos gluteneros (¿???). El glutenero número 1, el padre, no come ni cena en casa, salvo los domingos. El glutenero número 2 sufre la celiaquía en sus propias carnes a diario. En casa ya no se cocina nada sin gluten, alguna vez me acuerdo y le compro unas empanadillas, congeladas claro, porque no voy a “contaminar” mi cocina con harina de trigo. A estas alturas el peligro de contaminación en mi casa es prácticamente cero. Salvo el desayuno con galletas y algo de pasta, apenas tengo productos con gluten en casa.

En mi casa puede ser un drama que se acaben las existencias de pan sin gluten, del tipo de sea, del hecho en casa o del comprado que consumimos, pero, sin embargo, llevo la tira de tiempo sin comprar pan para mi hijo. Ya han sido varias las noches que me ha pedido pan para cenar y no he podido dárselo o he tenido que darle pan sin gluten, entonces me asalta el remordimiento y entiendo que él no tiene porqué sufrir nuestro problema hasta ese punto, pero es llegar la mañana y olvidarme completamente de comprarle su pan o un donuts para merendar que le encantan.

Por su fuera poco, él tiene la sensación de que no puede comer nuestros alimentos especiales, y tiene un lío tremendo el pobre que raya en la obsesión de si esto tiene gluten y nosotras no podemos comerlo y esto no tiene y él no lo puede comer. Parece que va entendiendo que él puede comer de todo “hasta que sea celiaco”. Imagino que está esperando que le llegue el momento, porque no es fácil explicarle a un niño pequeño temas genéticos, de anticuerpos y de vellosidades intestinales. Si mamá y su hermana antes no eran y ahora son, él también será celiaco algún día y no podrá comer gluten.

De momento he enmendado el error y en mi macro-compra del mes he incluido estas cosas, pero veremos lo que mi subconsciente tarda en traicionarme otra vez.

Comentarios

  1. Nieves dice:

    Me encanta lo de glutenero.

    En mi casa somos dos celiacos, mi hijo de casi 3 años y yo, el único glutanero que hay es mi marido. Casualidades de la vida, mi glutenero casi no se acuerda del pan y no es nada goloso, y a los dos celíacos nos priva el pan y además somos muy golosos, nos encantan los dulces.
    A mí me pasa que cada vez que voy a hacer la compra, no muy a menudo porque casi siempre va mi marido, siempre cargo con algo para mi glutenero, o bien pan, o bien unas rosquillas o algo apetitoso que yo ya no puedo comer. No sé si me explico, pero como yo no puedo tomarlas y a mí me parecen deliciosas me consuelo comprándoselas a él y viéndoselas comer, es una manera de conformarme.
    Mientras tanto, para mi celiaquito están las cosas que podemos comer mamá y él y las que puede tomar papá. Como nosotros no podemos tomar las de papá, papá tampoco puede tomar las nuestras. También tiene bastante lío el pobre.

  2. Pero no pierdas la esperanza Hannah de que ese peque de cuatro añitos no sea celíaco!
    En verdad(no quiero que lo tomes a mal, sino simplemente como un consejo desinteresado), debes brindarle a ese niñito un poco más de "atención" en ese aspecto. Piensa que él seguramente percibe cuánto te preocupas por su hermana y tal vez se sienta un poquito de lado... ¿Por NO ser celíaco?
    Yo vivo en carne propia el temor a la contaminación cruzada en el hogar pero debes darle a tu chiquitín su pan, sus galletas, demostrarle que el también es "especial" para tí.
    Besos.

  3. Olga dice:

    Hola Hannah,

    Te entiendo y comprendo a la perfección, no eres tú la que se olvida de sus necesidades gluteneras sino tu "subconsciente", y como todos sabemos contra eso no se puede luchar, podemos intentar evitarlo en la medida de lo posible e incluso a veces lo consigamos y compremos algo para nuestro gluteneros....pero él siempre terminará traicionándonos.

    No es por desanimarte pero a mi todavía me sigue pasando.....eso sí, cuando consigas acordarte compénsale por todo lo que te has olvidado y cómprale un buen cargamento.

    Besitos.

  4. Angela dice:

    Pues, hablando de terminología celíaca, en mi caso es al revés. La gluteniana (fijaros que rima con marciana) o la glutis soy yo, jajajaja. Esa es mi hermana, que tiene mucha inventiva. Tiene más lógica que los "gluteros" sean los demás, pero bueno.

    En cuanto al subconsciente, pues yo sigo comprando pan con gluten para mi marido y a diario. Es él quien se despreocupa totalmente y la que se pone nerviosa si no tiene pan él soy yo. Quién me lo iba a decir cuando hasta hace bien poco pasaba totalmente de cocinas y comidas. Quizá sí que el subconsciente, en mi caso, funcione a su favor porque como yo ahora sé que si no me he preparado pan, no podré bajar a la tienda a cualquier hora y tenerlo al momento, estoy todo el día pensando en el dichoso pan, cosa que antes no era un problema.

  5. En nuestra casa, de momento y hasta que a nuestra hija se la desarrolle la celiaquía, los gluteros y los celiacos estamos a partes iguales. Pero la harina de trigo ha desaparecido de la cocina. Cuando hacemos pasta, tenemos que realizar dos hoyas distintas, al igual que muchas veces la sopa (principalmente por la diferencia de precios), aunque casi toda la cocina que realizamos, es de manera que todos la podamos consumir, sin hacer distinciones. Pero también es cierto que muchas veces, nuestra hija se ha quejado de que quería más cosas sin gluten, ya que casi todo lo que hay en casa es sin gluten, por eso Hannah, moldea tu “subconsciente” y compra a tu niño cosas con gluten.

    Una de las cosas que en casa siempre había, eran galletas “Chiquilín”, ya que el padre era “El monstruo de las galletas”, pero desde que descubrieron que al pequeño “monstruo de las galletas”, era celíaco, nunca ha vuelto a entrar un solo paquete de galletas con gluten en casa. Respecto al pan, nos hemos acostumbrado a tener hacer pan sin gluten en la máquina y tener pan de molde de trigo, que es más difícil que pueda contaminar.

    Lo malo es cuando vienen familiares a casa, que aunque se les ha explicado muchas veces la problemática de la contaminación cruzada, hay que estar con mil ojos.

    Abrazos, de los gluteros y los celiacos.

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