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Sin gluten

El pan nuestro de cada día.

Reflexiones varias

1, 25 de 2006-01-25 de 2006


Hace unos días, una amiga me decía, con motivo del famoso viaje y el hartón a bocadillos que se metió mi hija entre pecho y espalda, que seguramente yo le daba más importancia que la niña al hecho de la diferencia en la alimentación con el resto de nosotros. La tuve que reconocer que es cierto, que yo sé que en muchas ocasiones me afectan cosas que a ella la pasan desapercibidas.

Por ejemplo, cuando la invitan a un cumple la importa bien poco el no poder merendar lo mismo que el resto de los niños, lo que ella quiere es ir y estar con sus amigos y pasarselo bien y los debe de disfrutar a tope porque del último vino afónica completamente. Allí se comió su bocata, se llevó sus chuches propias y las que le dieron se las trajo al hermano (luego hicimos criba y todavía pudo ella quedarse alguna cosita de la boslsa).

Esto es una cosa, y otra muy diferente es que esta misma amiga, con su teoría de que la niña no sufre sino que soy yo, se presentó en mi casa la última vez con una chuche para su hijo y otra para el mío pequeño, pero nada para la niña "porque sabía que no podía."

Estupendo, ¿esto no debe de ser algo parecido a que yo plantara huevos fritos con chorizo en una reunión en casa teniendo un alérgico al huevo al que le encantan?.

Lo que no deja de ser es una falta de delicadeza y de educación.

Otra amiga me ha llamado hoy porque se había enterado de las pruebas que me están haciendo. Me ha dicho "bueno, después de lo de tu hija no te afectará tanto como lo de ella" y la he dicho la verdad de lo que siento, que sí que me afecta. Es verdad que todo lo de los hijos duele mucho pero ¿acaso una madre no tiene derecho a sufrir también por ella misma?.

Comentarios

  1. Angela dice:

    Tienes mucha razón, Hannah. Claro que se sufre. Yo prefiero no pensarlo demasiado. 37 años con gluten, 1 sin gluten... No se acostumbra uno a salir Fuera de casa y quedarse como si tal cosa, mientras los demás comen sin la obligación de pensar en lo que comen, ni donde comen o si llevarán el pan en el bolso porque lo tienen todo resuelto con un sólo pedir la carta. Nuestra dieta no permite dejar nada a la improvisación y por eso mismo es muy poco original. Así que, pongamos nuestra imaginación y energías en marcha para conseguir adaptarnos a lo que hay con sentido del humor. De eso, que no falte, que es sin gluten.

  2. Angela dice:

    Tienes mucha razón, Hannah. Claro que se sufre. Yo prefiero no pensarlo demasiado. 37 años con gluten, 1 sin gluten... No se acostumbra uno a salir Fuera de casa y quedarse como si tal cosa, mientras los demás comen sin la obligación de pensar en lo que comen, ni donde comen o si llevarán el pan en el bolso porque lo tienen todo resuelto con un sólo pedir la carta. Nuestra dieta no permite dejar nada a la improvisación y por eso mismo es muy poco original. Así que, pongamos nuestra imaginación y energías en marcha para conseguir adaptarnos a lo que hay con sentido del humor. De eso, que no falte, que es sin gluten.

  3. nieves dice:

    Yo creo que se puede diferenciar. De hecho son cosas distintas. En el caso de mi hijo, él pasó por un suplicio y el diagnóstico fue un alivio para todos. Encontrar lo que le hacía daño y posteriormente ver cómo subía como la espuma fue un desahogo. En mi caso ha sido pasar de estar "bien" (no tengo síntomas externos habituales) a asumir que tengo una enfermedad, que te puede producir otras, con cambios en hábitos alimenticios y en general de mi vida. Esto no tiene nada que ver con mi hijo. Él se va a educar en unas costumbres que yo no he tenido. Yo me he criado en el mundo del pan, de respeto por el pan, en mi casa jamás se ha tirado pan a la basura, mis padres son de la época de la posguerra. Ahora también tengo pan, pero no es lo mismo.

    En cuanto a esa amiga que es capaz de presentarse en tu casa sin un obsequio para tu hija, cuando para los demás sí, demuestra no conocer la empatía. Se me ocurre soltarle con malicia que nadie está libre de pecado (en este caso de la celiaquía), de momento a ella no le ha tocado, quién sabe si mañana...

    Ángela, también tienes razón.

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