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Sin gluten

El pan nuestro de cada día.

Un problema menos

9, 26 de 2005-08-26 de 2005


En estos primeros meses de dieta fuimos nosotros los que llevamos cada día la comida de la niña al cole y allí nos la calentaban. Me planteé el tema como algo de lo que no quería hacer un problema grave al principio, porque eran otras muchas cosas las que teníamos que hacer. Teníamos que aprender a hacer la comida en casa, a tener los cuidados que hicieran falta en nuestra cocina, a eliminar todo aquello que fuera peligroso, a ordenarlo todo de nuevo, a enseñar a nuestra hija a ser responsable con su dieta, a comprar ... Pero lo del colegio no era un mal menor. Hasta el curso pasado, cualquier colegio que no ofreciera un menú sin gluten podía negarse a que se llevara la comida, hoy por hoy a lo único que están obligados es a poner los medios para la convervación de los alimentos que lleves de casa y a calentar los mismos. Así las cosas, decidí no enfrentame con el colegio exigiendo más de lo que me podían dar, con la intención de sacar mis armas para este curso si la cosa no se solucionaba.

Al día siguiente del diagnóstico, sin consultar previamente porque no había conseguido hablar con la responsable del comedor, allá nos plantamos, directamente, con la comida de casa. Aquello quedó así, pero la empresa me dijo que estaban en tratos con la Asociación de Celiacos de Madrid y estudiando la posibilidad de preparar un menú sin gluten.

Ayer escribí la más lacrimógena y lastimera de las cartas que pude a la empresa de catering que sirve la comida en el comedor del cole de mi hija. Fue una carta larga, en el mejor de los tonos, pero exigiendo los derechos de mi hija (aunque la ley no los contemple) a ser un niño más en el colegio.

Esta no era más que una primera carta de las que pensaba escribir, porque me daba a mí en la nariz que la respuesta sería negativa, así que tenía pensado empezar a exigir al colegio que cambiara de empresa de catering en cuanto terminara el contrato con esta, con sendas cartas a la dirección del Colegio, a la Asociación de Padres y al Consejo Escolar.

Pero esto, seguramente, me habría supuesto otro curso preparando el tupper cada día, viendo a mi hija cargada cada mañana con mochila, nevera y bolsa de deporte día sí, día no y reuniéndome, escribiendo o hablando con cada persona que tuviera voz y voto en el colegio.

Pero nada de esto va a ocurrir este año, porque, cual no sería mi sorpresa al recibir un breve mail en el que se me dice que sí, que este curso pueden ofrecer menú sin gluten en el comedor.

Comentarios

  1. Dios aprieta pero no ahoga. O eso dicen.

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